3.7.07

Compañeros


Es difícil encontrar una mirada, pues apenas uno las busca ellas se escapan hacia los márgenes, hacia los estantes, hasta el recóndito rincón de las resmas de papel, e incluso hacia la gota impenitente del expendedor de agua. Pero solo basta quitar de ellas la vigilia, para que se deslicen curiosas por la espalda de uno, lo desvistan, lo recorran y hasta generen alguna cosquilla. Son miradas recias, de envidia, de burla, de sorna. Lagañosas aunque lavadas, su miseria trasunta el amplio espacio de la oficina estatal.
Y uno no tiene más remedio que convivir con ellas, ya que para eso le pagan, para aguantar, no para preguntar; para seguir, no para enfermarse; para callar, no para comunicarse; para producir, no para producirse. No hay mañana: todo es para ayer, y mañana Dios dirá. Total siempre está el del fin de semana para culpar.
Así transcurren los dias, los meses, los años. Se acumulan legajos, aplastando los sueños como si fueran pisapapeles de hojas que nadie va a leer, porque llevan impresas las marcas de lo que alguna vez soñamos ser y ya a nadie le importa, ni a nosotros mismos, ya encanecidos engranajes de una máquina infernal.
La jornada termina idénticamente a como empezó. Colocando el autógrafo anónimo en el libro de visitas del infierno, pero no de uno cualquiera, sino del que te dá de comer excusas para no salir a fusilar a otros en las calles.
Buenas tardes, hasta mañana, buen fin de semana, mañana será otro dia, si Dios quiere...¿podrían imaginarse peores engaños para el desconzuelo?
El guardapolvo celeste se lo ponen solo los permanentes, los demás visten disfraces de ocasión y tienen el abrigo a mano para salir despedidos por la ventana en el momento menos indicado.
Pero no importa: basta solo con la sonrisa de la jefa, en la que todos y cada uno de sus dientes prometen una "pronta reincorporación".
Las últimas palmadas complacientes pesan aún en los hombros cuando me hallo pensando esto, mientras desando los pasos del interminable pasillo de los ecos con destino a la calle, lejos de mis compañeros.

(Pueden encontrar este texto acá, junto a muchos de otros. Recomiendo sumarse al club, no está mal la idea)

2 comentarios:

India Ning dijo...

Es triste, tristísimo, lo que narras, porque parece una vida vivida a imagen y semejanza de todos los demás. Pero es un tránsito obligatorio para llegar a una decisión, a un punto en el camino en el que se debe optar por seguir al rebaño o tirar en otra dirección. Y así preguntar, enfermar, comunicar y producir (si es lo que a uno le da la gana) O sencillamente, vivir dentro y conforme a unos ideales propios, con las utopías intactas y la libertad de elección, que acaba siendo lo verdaderamente importante.

aDrYs dijo...

Ahora mismo dejo este lugar, es deprimente vivir esto a diario y no darte cuenta de lo que esta pasando hasta que entras a un BLOG y lo lees... Loquisimo!! Que pasaaa!??