13.12.06

Lágrimas


Un dia lo conocí. Tan alto como es, vestido muy sencillamente, me invitó a pasar. Fue en su casa, me recibía para una entrevista, y él era por entonces una jóven promesa del semillero albirrojo en los tiempos difíciles que cerraban la peor década en la historia del club. Muy amable conversó de todo lo que le propuse y luego me despidió tan cordialmente como antes de su casa del barrio de La Loma, su barrio y el mio. Me pareció sincero, y definitivamente dejaba trasuntar su pasión por la roja y blanca.
Unos cuantos años después este presente de 5 goles en un mismo torneo, una marca nada despreciable para un defensor central, más si tenemos en cuenta que todos sirvieron para ganar partidos.
Como el del domingo 10 de diciembre de 2006 contra Arsenal, cuando saltó más que todos y la mandó al fondo. El gol no tuvo nada de especial en si, de cabeza y a cobrar. Pero inmediatamente después de hacerlo, Agustín Alayes, de él se trata, volvió rápidamente a su campo (como hacen todos los defensores cada vez que convierten), se besó la camiseta muchas veces y lloró desconsoladamente de alegría, como solo un auténtico hincha puede hacerlo.

***

Miró la hora, la cancha, la hora de nuevo, la tribuna y vuelta al reloj…no habia caso, el deseo, tan íntimo como ridículo de detener el tiempo se esfumaba de la cabeza del técnico. Ya se había imaginado junto a su mujer y los chicos, los parientes, amigos y por supuesto sus jugadores, entreverados todos en un abrazo inmenso, eterno.
Ya se había sorprendido fantaseando con estar en el museo del club, inscripto su nombre en bronce al lado de los más grandes, al lado del más grande.
Creia ya, solo hace instantes, que un próximo año repleto de triunfos se avecinaba y lo tenía a él como vedette indiscutida.
Pensó en los mexicanos y ya les habia dedicado en su mente una mueca burlona y una frase hiriente con ribetes revanchistas.
Pensó también varias veces como cumpliría la cábala que solo él conoce, luego claro de recibir el oro y elevarse varias veces sobre su propia humanidad.
Pero no. No pudo ser. “A veces pasa”, se dijo para si en un susurro, casi como para convencerse de algo que ni él mismo creía.
Pasó hecho una tromba por el túnel, entró de la misma forma al vestuario y se ahorró el violento y típico puñetazo a la pared, para encaminarse derechito al pequeño baño individual exclusivo para el técnico de Boca. Y recién ahí, en la intimidad sofocante de ese diminuto cuarto, Ricardo La Volpe se apretó fuerte los ojos con los dedos y dejó escapar el líquido contenido desde que el árbitro célebre pitó el final de ese maldito partido ante Lanús.

***

“Maldita sea mi elegancia”, pensó el Cholo mientras sentía como varios senderos de sudor le corrían por la espalda, bajo el impecable saco oscuro y la camisa de seda italiana.
Pese a una temperatura de locos, se mueve casi tanto como sus jugadores dentro del campo, va y viene jadeando por la frontera de cal que marca su territorio, como un león africano en una triste celda de zoológico. No puede negar su carácter.
No puede tampoco más con sus nervios, pero irónicamente le pide calma a todos los que tiene alrededor, con sus manos extendidas, sus palmas hacia abajo, agitándolas sin parar. “Tranquilos” pide enérgico, casi sin voz.
Afuera pero cerca, la multitud pincha delira palpitando un final para la historia. Adentro, el otro león (el disfrazado), descansa con su propia cabeza en la mano implorando a los “chicos” de la otra cancha que aguanten el resultado.
El Cholo se aprieta las sienes con ambas manos y aspira hondo. Faltan apenas unos instantes y…
Final. La gente, los fotógrafos, los pibes de la pelota, todos, se le abalanzan a los jugadores y a él, que se queda paralizado por el instante mágico.
En ese momento sucede.
¿El guerrero eterno de mil batallas? ¿El capitán argentino?¿El del cuchillo entre los dientes? No, no puede ser.
Si, lo es.
Diego Pablo Simeone, se paró unos segundos frente a la rugiente masa, apretó bien fuerte sus puños, se llenó la boca de aire, infló sus mejillas y luego soltó la carga acompañándola de un gesto inequívoco de victoria. Pero lo que sorprendió a todos, hasta a él mismo, fueron sus propios ojos humedecidos de emoción por el gran momento que le tocaba protagonizar.
“A veces está bueno emocionarse”, dijo después. Y tiene razón.

***

Gianinna pensó que no podría con el peso de su papá y se asustó mucho imaginándolo caer hasta el mismísimo campo. La Doce gritaba a rabiar y creyó que no la escuchaba pedir desesperadamente que se calme un poco y se hechara para atrás. Pero no era así: Diego la sentía bien de cerca, pero no encontraba manera de controlar su impulso loco por querer estar ahí abajo y comerle la cabeza al árbitro para que adicione más, porque eso asi no podía ser.
La justicia siempre tuvo en él un lindo paladín, bufonesco y trágico de a ratos, pero sin ninguna duda, apasionado. ¿No podia acaso él entrar a jugar? ¿No podía decirle al inútil de Marino como se debia meter un pase en cortada? ¿No podía hacer una pared con Palacio para llegar tocando hasta el fondo? ¿No podía meter la comba perfecta al área para la cabeza de Martín o el pibe Silvestre? Evidentemente no podía ya, pero su cerebro no estaba encendido para entenderlo. El corazón se había puesto tan grande que le ocupaba todo el cuerpo, lo desbordaba, le salía por la boca, justamente.
Elizondo dijo “no va más” con su silbato, y a Diego se le cayó el mundo encima. No podía pasar esto en su club, las estrellas estaban en el cielo solo para ser bajadas por Boca y por nadie más. Pero evidentemente también, eso no iba a pasar ese dia.
Buscó los ojos tiernos de la nena para consolarse, le mantuvo la mirada orgullosa por unas milésimas y ahí nomás, el 10 se largó a llorar ahogadamente sobre su hombro.

***

“¿Qué mierda me pasó para perderme ese partido?”, la maldita frase golpeó una y otra vez mi cabeza, mientras intentaba distraerme en otros placeres que no va al caso comentar. Mi mente iba y venia de las dos canchas como si se tratara de una pelotita de ping-pong. Y no me pregunten por qué, pero yo a esa hora estaba viajando en subte.
¡Una puta hora metido en las profundidades porteñas! Como un desorientado topo, buscando con desesperación la salida a la cancha, perdón, a la calle.
Mi radio no tenia señal en ese pozo y creo que tuve la inmensa mala suerte de estar justo en el único lugar del pais donde no habia otro boludo como yo con la oreja pegada a la Spika. Cogotié inútilmente una docena de veces para ambos lados buscando la mirada cómplice, el seño fruncido por la preocupación deportiva, un gesto amargo pleno de decepción o la sonrisa socarrona del que se sabe en la cima. Nada. Mujeres con chicos, hombres apáticos vestidos ridículamente, veteranas de shopping dominguero, adolescentes pavotas sumergidas en sus celulares…y yo, muerto de nervios, enfermo de ansiedad, temiendo lo mejor y lo peor al mismo tiempo.
Cuando al final ese suplicio terminó, mi cabeza asomó en territorio enemigo. Porque si en Retiro no contás cada dia cinco camisetas de Boca, no estás en Retiro. Decía entonces que el tormento llegaba a su término, ya que con la superficie mi aparatito oriental recuperaba su poder. Entonces resurgió potente la voz del comentarista de ocasión, un viejo insoportable que enganché de casualidad en la antifutbolera banda de FM, la única con la que yo contaba. Y este señor mayor, hablaba lento y no me decía lo que yo quería escuchar. Daba vueltas, utilizaba giros con pretendida astucia (solo pretendida), lanzaba ironias, pero posta-posta, nada. Tortura psi, hasta que solo me dí cuenta de una realidad: la única respuesta, la más importante, estaba en el silencio.
Todo estaba en silencio. El fondo del comentarista por empezar: ni un miserable cántico, ni uno solo de esos insoportables “Y Dale Boooo” que funcionaron siempre tan efectivos como arma temeraria de conciencias visitantes.
Y Retiro. Ni una camiseta auriazul a la vista, ni un solo pibito comecabeza saltando con una de esas cornetitas amarillo patito y, sorprendentemente, ni un solo banderín de plástico ondeando en la puerta de ningún bar. Ahí, recién en ese momento, comencé a pensar que era posible. Que cabía una pequeña pero luminosa posibilidad de que, encolumnados los planetas, se hallan dados los dos resultados.
Cuando confirmé, gracias a la pericia tardía del hombre de prensa lo que tanto habia soñado, justo en ese momento cruzaba la calle hacia la plaza. Infinidad de colectivos avanzaban sobre mi, sobre todos, sobre la humanidad. Nada importó porque ya había entendido lo que necesitaba y solo atiné a tomarme la cabeza con ambas manos y balancearla en una especie de autocaricia.
Ahí fue que sucedió lo que tantas veces imaginé.
Las lágrimas empezaron a brotar incontenibles como un manantial. Y nada les importó a ellas que el primer gesto púdico y estúpidamente masculino intentara secarlas, arrastrarlas y desalojarlas. Se renovaron una y otra vez y ya rendidas las manos, pasaron a dominar la situación.
Entonces me sorprendí llorando como un chico en medio de Buenos Aires, una asfixiante tarde de diciembre del año en que Estudiantes de La Plata, mi Estudiantes, dio una muestra más de algo que solo un hincha rojo y blanco a rayas puede entender: la mística.
Alayes, naturalmente, siempre lo entendió.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

SEÑOR, ... que comentario!!

Permítame decirle que es Ud. un iluminado con su prosa. Mi querido Godoy Cruz despertó en mi esa pasión que solo Ud. puede escribir.
Mis felicitaciones y mi sana envidia por sus compañeros de café.

El Coleccionista

Lupa dijo...

Muy amable, gracias che. dejá tu dire de blog o seguite dando vueltas por acá. Un abrazo.

Jack Duluz (Sub Cte Bizarro) dijo...

Creo suponer que el dicho que termina "más que una junta de bueyes" ha dado una muestra más de una realidad infinita. Será? Jejeje..
Muy lindo, emociona de "a de veras".
Posta, como estaba el Gordo. Para mí que estaba re duro. Cuando le pintó el bajón se debe haber querido matar.
Me sorprendió la "civilidad" inédita de la 12 y de parte de la platea. Puede ser que Estudiantes ganó a "lo Boca" y eso marcó el respeto de "Rafa y los Bronces Lúmpenes Orchestra".
Taría bueno que cuentes cómo se vivó el clima en Vélez.
Homenaje:
hay post homenaje en
www.elescupitajo.blogspot.com

Jack Duluz (Sub Cte Bizarro) dijo...

a propósito..quién es el místico tombino...da la cara, che..te banco a morir por tu onda

Anónimo dijo...

PIDO DISCULPAS POR SER UN IGNORNAUTA, PERO GRACIAS POR LA INVITACION. SE VE QUE ES LINDA LA PLATA. LASTIMA QUESSSTALEJO.
AVISELE A DON DULUZ QUE APRECIO SU INTERES. SI ME HACE EL GAUCHADON, LE VOY A DEBER LA VISITA
ALGUN DIA APRENDERÉ.

EL COLECCIONISTA

Anónimo dijo...

...ME OLVIDABA.
OTRO FAVOR. SI NO JODE, CLARO.
EN MENDOZA NO CONSIGO NADA DE GROUNDATION. SU COMENTARIO (QUE DESPERTÓ MI COBRA Y LA TIENE QUERIENDO SALIR DEL CANASTO), FUE MUY BUENO ... VIO? SI NO PARA UD NO ES MOLESTIA LE VOY A AGRADECER ALGÚN DATO.

EL COLECCIONISTA

PD. DIGALE A DON DULUZ QUE NO CREO MERECER TAMAÑOS HONORES

Lupa dijo...

Bueno Colec, dejá un mail al menos...asi nos comunicamos. Mirá yo tengo un programa de reggae acá en la plata, te pudeo pasar data y podemos ver como se te puede hacer llegar material. Te dejo la página del programa
www.pisandonubes.com.ar
¡Dejá mail!
Un abrazo

Jack Duluz (Sub Cte Bizarro) dijo...

Che, entre el éxito del programa y el campeonato te olvidaste de los amigos???
Andá a cagar, alcahuete...Contestá los mensajes..
Abrazo de gol

Jack Duluz (Sub Cte Bizarro) dijo...

Otra cosa amigo menduco: si hay algo que NUNCA en nuestra puta existencia hemos compartido, eso es un café...
Insisto, te banco a morir Cabernet

Cazador Oculto dijo...

.... me imaginaba que termianaba con la imagen, con Alayes, esa increíble historia bien fontanerresca, saccherianna, de estar todo un segundo tiempo (el más importante de toda una vida futbolera) entubado en la infinidad del subsuelo porteño, sin saber por qué, para qué, justo es día, el del milagro, cuando Estudiantes revivió después de tantos años y pegó con esa rara tarjeta que nos contaron con que lleva el nombre de mística: nadie sabe qué es a ciencia cierta; cómo explicarlo?; sólo esto debe ser: la identificación con un mito que no tiene explicación; que nos hace únicos; distintos; ni mejores ni peores; sólo diferentes: UN ESTILO DE VIDA: eso es Estudiantes, eso es el campeón, el único de la ciudad....... bien platense...........

salud, brillante, como el 4-3 a Platense en el 67, yendo 1-3 abajo y con untipo menos; sólo eso. diferentes...... salud campeón

Holden-Ambiguo-Posmoderno
www.cazadoroculto.blogspot.com