

Ustedes podrán decir tranquilamente que enloquecí o soy víctima de un repentino ataque retrógado o decididamente resentido...pues no...es uno de los gritos que echaré desde aqui al pie del cañón, hacia el infinito de un abismo que contestará con el eco de mi propia voz...o quizás tenga un poco de suerte y reconozca algún timbre diferente al mio...en fin, al grano.
¡ODIO LOS CELULARES Y LAS BANDAS TRIBUTO!
Ahí está, lo dije sin vueltas, sin medias tintas, sin escarceos inútiles, sin rodeos cobardes...Y tenia necesidad de decirlo al unísono, porque el nivel de repuganancia es similar, aunque por el aparatito podré ensayar algunas disculpas bien fundadas que no encuentro para el otro fenómeno de nuestra actualidad cultural. Vamos por partes, decia Jack mientras limpiaba el cuchillo...
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El ya diminuto adminiculo de uso doméstico, es de por si (como negarlo) un elemento de suma utilidad. Irremplazable en casos de emergencia, es un conector de seres a traves de todo el universo, pues a su ya natural función (digo en su rol telefónico) se le suma ahora una nueva herramienta: el mensaje de texto. Y aqui nos vamos acercando al problema en cuestión, al mismo tiempo que nos alejamos de la utilidad del objeto. Si bien se torna eficaz para complementar la faceta laboral de las personas, e incluso, para unir afectos que las circunstancias de la vida mantienen momentáneamente alejados, el aparatito goza ya de categoria omnipresente en todas y cada una de las circunstancias de la vida...¡todas! No hay lugar ni tiempo donde en coincidencia con el instante más sublime, inoportuno, incómodo o maravilloso, no se escuche el agraciado "ringtone" de Los Intocables, Gilda, El 007 o la insoportable prometida de Antonito...no importa si es un teatro, una maternidad, una conferencia o el telo; en el auto, haciendo footing, escuchando una clase o en pleno manoseo sexual; nada de esto importa, incluso si llorás, te reis, dormis o estás drogado....nada interesa, lo único que queda es contestar...porque señores, una de las grandes falacias del celular sea aqui desmentida: la consabida frase “Lo apago y listo” no se cumple jamás, porque NUNCA SE DEJA DE CONTESTAR, NUNCA...por lo que concluimos sin demasiadas pretensiones académicas en que, el poseedor de un aparato de telefonía móvil se transforma automáticamente en un esclavo inmóvil de su propio aparato...
Entonces digamos chau a los momentos de extrema sensualidad con tu pareja; chau a la conversación entreverada con el grupo de amigos sobre los diez peores jugadores de la década; chau a la espontaneidad de una llamada de cumpleaños (“porque el mensajito es más rápido y barato ¿viste?”) y chau a la agenda de papel que te regaló la tia para el último cumpleaños, ya que “en el celu se anota rápido y es práctico”…
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Por otro lado, pero no tanto, no se me ocurre un ejercicio de tal mediocre magnitud (¿suena contradictorio no?), como el de construir una carrera artística en base a la obra de otro. OK: el arte es simplemente decir de otra manera lo que han dicho o hecho otros antes, el arte está construida por los retazos de los que otros antes hicieron, y así podriamos seguir largo rato. Metáforas, ideas abstractas sobre la creación de la mente del hombre...ahora muchachos, dejémosnos de embromar, ¿hay necesidad de tal nivel de atraco al buen gusto, de burla repetida hasta el cansancio, de síntoma de inapetencia creadora, de carencia de estímulos e instalación en el comodísimo pero defenestrable trono de la desverguenza fotocopiada?¿Se puede ser tan descarado y encima cobrar?
Sé que suena algo violento, pero realmente se ha llegado a un punto de gravedad en que si no lo paramos, este “fenómeno” de las bandas tributo vendrá a reemplazar a todo intento de novedad, creación, u obstinada perseverancia de la apuesta por lo nuevo, lo distinto, o lo sencillamente vanguardista, para instalarnos definitivamente en el plano del eterno retorno, de la parafernalia del homenaje sentido y casi rastrero, de la postura payasesca del idolo de bronce, del trajecito, el bigote o el zapatito lustrado “A lo”…
¡Patéticos! Mediocres disfrazados de otros que nunca serán, porque esos que fueron lo que fueron, lo fueron gracias a que no quisieron repetir lo que otros antes hicieron, por que se la jugaron y apostaron por algo, ni mejor ni peor pero suyo…o sea que si esos que hoy son copiados vieran a sus copiadores, no harían más que patearles el culo y gritarles “¡Patéticos! Vayan a la plaza o al barcito y miren a ese pibe con su guitarrita, intentando ganarse una moneda o una sonrisa con su pobre y enorme propia frase encerrada en una pobre y enorme melodía que el mismo soño alguna vez mientras lloraba por esa que se fue, como lo hice yo alguna vez y como no lo harán jamás ustedes pobres y ¡patéticos! coleccionistas de souvenirs y clichés de bolsillo…”
Porque lucrar con esta bosta, es como cobrar la entrada al funeral de tu mejor amigo o peor: de tu viejo…
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Muchos pensarán que estoy loco o que tengo un repentino ataque resentido o retrógrado. O que simplemente estas dos cosas no tienen que ver entre si. Quizás asi sea. Pero si apagan sus celulares unos minutos y se ponen a pensar seria y tranquilamente en esto, notaran que cada minuto perdido en el universo de los mensajes de texto, es un minuto menos para decirle al que te está mirando ahora lo que te pasa. Como también, cada vez que volvés sobre esa vieja cinta, para imitar el tono exacto de tu idolo, es un instante en el que cercenás tu capacidad de decirle al mundo lo que sos, lo que pensás o lo que te pasa, justo antes de pudrirte en el suelo.
Quizás no sean tan distintas estas cuestiones. Quizás nos estemos apagando.
Quizás halla que recargar las baterias ya.
